Archivo del Junio, 2008
Hoy no voy a hablar de mis experiencias, o quizá si, pero lo haré desde un punto de vista diferente. A veces cuando escribo me gustaría que quienes me leen puedan sacar algo positivo de mis reflexiones, o simplemente entender un poco más el mundo que les rodea a través de lo que relato. Hoy no. Hoy voy a escribir desde el corazón, más específicamente desde el dolor que me embarga en estos momentos y que me ha mostrado, en mayor o menor medida, mi vida en perspectiva.
Anoche recordé una película coreana que vi hace años llamada Old Boy. El argumento es bastante complejo y les recomiendo que la vean si les gusta el cine sicológico. El caso es que en esta historia una persona debe pagar por algo que ha hecho en el pasado y que ha olvidado por completo, de una manera terrible y cruel, y el precio que debe asumir por lo que hizo es extremadamente elevado.
Estoy atravesando una situación muy dificil a nivel personal. Me he percatado hace muy poco tiempo que he estado ciego ante las cosas más importantes de la vida: el amor, el afecto y esa complicidad que surge de la intimidad, por haberme dedicado a perseguir metas que o no eran mías o simplemente estaban vacías de contenido. La persona con la que quiero compartir mi vida se está cuestionando (y con razón) sobre la viabilidad de este proyecto, gracias a mis dudas, inseguridades y prejuicios. Lo más complicado es que cuando por fin he puesto las cosas en su sitio, dándole a Sol la importancia y atención que siempre se ha merecido y que se ha ganado gracias a su paciencia, comprensión y amor incondicional, lo que hay entre nosotros se ha deteriorado tanto que peligra su supervivencia.
De alguna manera, he visto todos los errores y omisiones que he cometido, la arrogancia que ha caracterizado mi existencia me está pasando factura y estoy sintiendo en carne propia el profundo dolor que he ocasionado en aquellas personas que han pasado por mi vida, debido a mi miopía afectiva y emocional crónica. Me centré demasiado en ciertos aspectos (el éxito profesional y el egoísmo personal) que son efímeros y que aportan sólo una pequeña parte de la plenitud que se siente por estar vivo. Desatendí durante demasiado tiempo lo que mi corazón me decía, porque no lo consideraba útil o importante en la carrera absurda en la que me hallaba inmerso, y que si bien es cierto que me ha proporcionado ciertas satisfacciones, no llena ese gran vacio afectivo que ahora reconozco.
Es paradójico, pero me parece que he estado de espaldas a la felicidad durante mucho tiempo, llenando mi vida de cosas materiales y placeres fugaces, pretendiendo aislarme del mundo con una autosuficiencia infantil, queriendo ocultar el sol con un dedo, y empeñandome en concentrarme en banalidades que ahora veo son completamente inútiles y sin sentido. En este tiempo de reflexión que decidí darme, he aprendido, y no siempre de la mejor manera, que para vivir se necesitan muy pocas cosas materiales, y si muchas espirituales y emocionales.
Admito que me equivoqué, y que tengo un largo camino por recorrer para perdonarme y pedir perdón por todo lo que he hecho mal. No quiero parecer una víctima más de las circunstancias. Asumo mi responsabilidad de manera seria y madura, pero ello no quita el dolor y la amargura de haber dejado pasar momentos preciosos sin siquiera dedicarles un mínimo de atención, considerando que no eran lo suficientemente importantes para ser dignos de mi tiempo. Craso error…
Ahora llega el momento de saldar las cuentas. La vida es generosa, pero a la vez estricta con estas cosas. Estoy tratando de ser fuerte para encarar lo que viene de la mejor manera posible, con humildad y la mente y el corazón abiertos, pero no sé si sea capaz. No sé si ya es demasiado tarde y he dejado pasar las oportunidades más importantes para ser feliz. Siempre podemos volver a comenzar, pero el sentimiento de culpa por lo que acabo de contar no quiere abandonarme.
Amor, si lees esto, quiero que sepas una vez más que eres esa persona. Que no quiero repetir los errores del pasado y que me me encantaría si eligieras que nos diéramos otra oportunidad, habiendo aprendido de lo que hemos vivido. Nos merecemos ser felices juntos.
Perdonenme si no escribo en estos días, o si lo hago desde una perspectiva distinta a la habitual, pero siento que el contar estas sensaciones me ayuda a ver las cosas como son y de alguna forma, a afrontar cada paso que estoy dando. Gracias por vuestra comprensión y apoyo.
En este artículo de The New Atlantis, los autores hablan de la inconveniencia, tanto práctica como biológica, del mal llamado arte de la multitarea, tan extendido en esta seudo-sociedad de la información. Frases como que “el hombre no está diseñado para funcionar de esta forma” ponen de manifiesto que damos cada vez más importancia a la cantidad y no a la cantidad de información que nos bombardea a diario, perdiendo en juicio, sabiduría y habilidades cognitivas esenciales. Una lectura recomendada para aquellos que siguen pensando que hacer más es el objetivo a alcanzar.
Lunes, Junio 23, 2008
Categorías: Viajes
Ya sé, ya sé. Había dicho que el viernes pasado iba a escribir sobre este viaje, pero entre una cosa y otra, no pude. Pero bueno, más vale tarde que nunca, así que aquí está:
Como ya saben algunos de los que me conocen, hace poco estuve en una pequeña isla perteneciente al archipiélago de San Andrés, en el caribe colombiano, llamada Providencia. Dicho archipiélago lo conforman tres islas principales: San Andrés, la citada Providencia y Santa Catalina, esta última se encuentra unida a Providencia mediante un bonito puente flotante.
El acceso a Providencia se puede hacer por vía marítima (unas 6 horas) o en avión (25 minutos), desde el aeropuerto de San Andrés, al que se llega después de 2 horas de vuelo desde Bogotá. Hay dos compañías que operan regularmente en el aeropuerto El Embrujo de la isla: Searca y Satena, con uno o dos vuelos diarios.

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Viernes, Junio 20, 2008
Categorías: Humor
Me encontré un comentario muy gracioso en este blog, en el que se habla de la inconveniencia de madrugar todos los días en una ciudad de un clima tan dificil como es Bogotá. Lo reproduzco para vuestro deleite y entretenimiento:
“Hoy me levanté temprano, me puse los pantalones, me vestí lentamente, hice café, agarre mis palos de golf, me fui silenciosamente al garaje para no despertar a mi mujer, puse los palos en el coche, y procedí a sacarlo del garaje bajo una lluvia torrencial. Estaba toda la calle inundada y el viento gélido soplaba a 100 kilómetros por hora, Volví a entrar el coche al garaje, puse la radio y me enteré de que el mal tiempo iba a durar todo el día… Qué decepción! Entré de nuevo en casa, me desvestí silenciosamente para no despertar a mi mujer y me deslicé dentro de la cama. Despacito me acurruqué contra su espalda, la acaricié y le susurré al oído: ‘El tiempo afuera está horrible mi amor’. Ella me contestó medio dormida: ‘Ya lo sé. ¿Puedes creer que el estúpido de mi marido se fue a jugar al golf?’” Nota: También aplica para los que salen a hacer footing, andar, van al gimnasio, a hacer la compra, a trabajar, etc, etc, etc. Sigue madrugando…”
Por estos días me he sentido muy afectado por varias cosas que me han ocurrido en la última semana, como mi introducción a las Constelaciones Familiares, el comenzar un nuevo proyecto, la muerte de alguien muy cercano y sobre todo, el viaje de Sol a un sitio lejano, donde la comunicación es muy dificil. Eso me ha hecho enfrentarme a la realidad de la distancia, de la soledad y de alguna manera, del abandono. Creo que he recorrido todo el espectro de sensaciones que se pueden sentir en estos casos: miedo, tristeza, ira, incertidumbre, ansiedad…, y a pesar de que de alguna manera confío en mi mismo, en lo que soy y he aprendido en todos estos años, me sigue sorprendiendo la reacción de las personas ante estas situaciones.
Es muy dificil que alguien entienda lo que siente otra persona, por la imposibilidad de expresar con palabras lo que estamos experimentando, debido a las limitaciones inherentes al lenguaje que usamos para comunicarnos. Sin embargo, quienes nos rodean, en un intento generoso y compasivo (la mayoría de las veces) de evitarnos el dolor, intentan decirnos aquello que necesitamos oir para ver la situación de otra manera menos dificil o traumática. Y aquí es donde ocurren cosas, como lo dijera, sorprendentes o extrañas. Para algunos, la situación de dolor o abandono está muy clara y hay que seguir adelante a toda costa, sin mirar atrás, como queriendo correr a toda prisa para dejar la causa de la incomodidad lo más lejos posible. En cambio, otros piensan que lo mejor es encarar la situación, dejarse estar y sacar todo lo que sentimos gradualmente, para así quedar en paz y continuar renovados, habiendo aprendido algo.
No voy a opinar sobre lo que es mejor o peor, porque cada caso es diferente, y todos afrontamos este tipo de vivencias de manera completamente diferente. Lo que si sé es que aquellas cosas que no vemos o admitimos se van quedando allí olvidadas, reclamando atención e impidiendo que ocurran otras que podrían ser necesarias para crecer y vivir plenamente.
Lo cierto es que estamos (o al menos yo me siento así) muy desorientados y sobre todo, ignorantes en la manera de gestionar estas experiencias. Es como si cada vez fuera la primera y la sensación de inseguridad sobre cómo proceder vuelve a instalarse, como si nunca nos hubiera pasado algo similar. Si bien es cierto que los años nos dan más elementos para interpretar y transformar la realidad, al final siempre hay algo que nos dejará desconcertados y que requerirá de nuestra mente y corazón para sortearlo y poder continuar por esta ruta tan excitante pero a la vez tan dura que es la vida…