Slow Death

Por estos días he pensado que la mayoría de seres humanos transitan por la existencia de manera lánguida y resignada, simplemente respirando y marchando lentamente hacia quien sabe donde, porque «es lo que se ha hecho siempre». Las afecciones físicas, mentales, energéticas, emocionales y demás se toman como si fueran parte integral de la vida e incluso como si sin ellas, la experiencia no estuviera completa…

Nisargadatta sostenía que las prácticas que mortificaban el cuerpo no tenían ninguna razón de ser, porque «La sola existencia es ya práctica y mortificación suficiente. Para qué añadir más?», idea con la que concuerdo plenamente. La vida es ya complicada (porque así la hemos concebido y construido) como para introducir elementos adicionales que incrementan su dificultad innecesariamente.

Por otra parte, esa sensación persistente de falta de dirección debería indicarnos de manera clara y contundente que aquello por lo que estamos «luchando» no tiene mucha importancia, ya que de otra manera, la codiciada plenitud no se haría esperar y la experiencia de vivir sería algo placentero y satisfactorio. Si esto no es lo que ocurre, tal vez haya hay cosas que podríamos revisar y cuestionar. Nunca es tarde y como decía Vernon Howard: «There’s a way out». Es cuestión de buscarla pacientemente y al encontrarla, no oponer resistencia a lo que haya que hacer para corregir el rumbo.