Red and White Blues

Muchas vecess resulta complicado articular ideas o pensamientos de una manera coherente. Supongo que será por el hecho de querer expresarlas de una manera clara y directa, lo cual se dificulta aún más cuando muchas emociones están empañando la razón y la lógica, sin dejar un espacio para que lo que consideramos la verdad pueda verse de manera inequívoca, aún sabiendo que aquello que valoramos como cierto es simplemente parte de la gran ilusión colectiva de la que formamos parte.

Y mientras tratamos de encontrar lo que yace al final de todo, nos vemos inmersos en una huída sin fin del vacío, ese espacio sin espacio donde creemos que todo termina y se disuelve en una nada terroríficamente incómoda. Sin embargo, paradójicamente, este lugar que no se encuentra en ninguna parte y a la vez en todas ellas, también es el origen de la totalidad. El proceso se reduce a una vuelta gradual al mismo, que transcurre de manera inexorable para todos.

Sin embargo, pasamos el tiempo esquivando a como de lugar esa atracción gravitatoria llenando la vida de actividades muchas veces vacías de contenido, buscando sentidos y direcciones que posiblemente no existan o sean fugazmente satisfactorios, acumulando experiencias, resolviendo situaciones que a todas luces resultan irrelevantes en el gran esquema de las cosas, como suele decir un buen amigo, y en general, sosteniendo la idea de «aprovechar el tiempo» y «ser productivos», por tratar de expresarlo de alguna forma, cuando en realidad y sin caer en un nihilismo catastrofista, el único cometido de la existencia humana es, precisamente, existir. Lo que pongamos o dejemos ocurrir al interior de la misma es otro asunto con una importancia tal vez menor, ya que sabiendo que de alguna manera, siempre regresaremos al origen, tal vez la tarea a acometer sea precisamente tener esta idea en cuenta para prepararnos mientras transitamos por esta realidad ilusoria, sin dejarnos seducir por los innumerables cantos de sirena que constituyen la base de la presencia humana en este plano.

Al fin y al cabo, el resultado de todas y cada una de las actividades humanas es siempre el mismo: una satisfacción transitoria y un olvido inevitable con el pasar del tiempo. Una vez mas, sin querer sonar pesimista o evocar otro concepto vacio como el destino, la idea es tomarse este trasegar sin darle mucha o poca importancia: simplemente es una circulación más o menos accidentada por un plano de existencia que comporta, al menos a nivel físico, un principio y un final. La consciencia permanecerá una vez la materia haya dejado de existir, y esta es simplemente el observador universal que en ausencia de juicios o valoraciones espurias, solamente contempla los acontecimientos desde la nada, pase lo que pase.