Freundliche Erinnerung

La vida tiene una forma particular de recordarnos lo verdaderamente importante, y no es precisamente amable o cordial. Más bien, como diría un buen amigo canadiense, suele ser brutalmente honesta, nos guste o no. Y normalmente nos inclinamos más bien por la segunda opción, ya que como decía otro de mis amigos recientemente, la socialización a la que hemos sometidos se ha encargado, de una manera muy eficiente, de convertirnos en seres débiles y melindrosos, incapaces de hacer frente a los asuntos relevantes de la vida sin proferir una interminable letanía de quejas, además de querer evitar por todos los medios posibles el acometer la tan supuestamente despreciable y tediosa tarea de vivir responsablemente,

Sin embargo, por más que nos escondamos o hayamos adquirido la cuestionable habilidad de escabullirnos ante la menor señal de incomodidad derivada de aquello que sabemos que tenemos que hacer, la realidad siempre es más veloz que nuestros patéticos intentos de evadirla, dándonos alcance invariablemente de las maneras más insospechadas, lo cual hace del recordatorio algo aún mas desagradable, así nos vaya la vida en ello.

Sigo sorprendiéndome por la infinita capacidad que tenemos de distraernos de manera diligente y olvidar convenientemente aquello que puede ser el tiquete de salida de esta fantasiosa realidad que alimentamos cada día dándole la totalidad de nuestra atención. O como decía el Sabio: Seguimos prefiriendo lo temporal a lo eterno, creyendo que con nuestras «buenas obras» en este escenario de oropel y purpurina, nos llegará la recompensa en cuanto la divinidad de turno lo considere apropiado, haciendo honor a ese desagradable hábito de culpar o responsabilizar a otro u otros de lo que nos acaece.

Lo cierto es que, a pesar de nuestras sesudas observaciones y análisis sobre lo que ocurre en este escenario, la experiencia nos sigue mostrando invariablemente que es más de lo mismo, sin ninguna posibilidad de alteración, a menos que el enfoque cambie radicalmente, cosa que más bien pocos están dispuestos a hacer, con la seriedad y el esfuerzo que ello amerita, ya que los cantos de sirena que nos invitan a continuar en la mortal rutina de siempre, siguen siendo poderosamente seductores.

En fin. Tal vez el escribir estas palabras aleatorias sea la manera de volver de alguna manera a recuperar la atención hacia lo que de verdad importa. Y espero sinceramente que surtan efecto, de una u otra forma.