Vasectomía

Tal y como comenté hace unos días, el próximo viernes cumpliré 3 semanas de haberme practicado la vasectomía. Hoy quiero hablar no de la intervención como tal, sobre la cual hay mucha y variada información en la red, sino de mi propia experiencia, que creo que puede servirle al que tenga curiosidad o se anime a hacerse la operación.

Antes que nada, aclarar que esta decisión fue el fruto de muchos años de reflexión sobre el tema, porque a pesar de la posibilidad de que sea reversible, en la mayoría de los casos es un paso definitivo. Por mi cabeza se cruzaron diversos pensamientos, muchos de ellos relacionados con la religión (!), sobre la inconveniencia moral de hacer algo como esto, o del hecho de explotar ese instinto normal en todos los seres humanos de tener descendencia como “método disuasorio”. Mi padre por ejemplo, se oponía firmemente a este tipo de cosas, argumentando que yo todavía no estaba preparado para tomar una decisión de este tipo. Lo que nunca me dijo era cuando lo iba a estar, según él…

Consideraciones éticas, morales y paternales aparte, una vez que me decidí, quise ponerme en manos de un médico conocido, para lo cual acudí a un muy buen amigo (gracias otra vez Carlos!) que ya había vivido la experiencia y que me había hablado muy bien de la médica que la había llevado a cabo. Así pues, hablé con la doctora Torres, quien desde el primer momento me dio mucha confianza y sobre todo, no trató nunca de cuestionar mi determinación o de disuadirme, lo que me hizo sentir todavía más cómodo. Una pregunta que se me hizo un tanto curiosa fue cuando quiso saber si era nervioso o no, ya que normalmente la intervención se hace con anestesia local, estando el paciente despierto durante la misma, pero hay personas que por una razón u otra, prefieren anestesia general, y de ahí la cuestión…

En el lugar donde me operaron son especialistas en este tipo de temas. Después del reconocimiento general, me hicieron pasar donde un sicólogo que me explicó en que consistía la cirugía y más importante, se aseguró de que yo estaba convencido de lo que iba a hacer, haciéndome leer unos impresos y firmar unos papeles donde dejaba constancia de mis intenciones y que conocía los riesgos y consecuencias de la operación. Una vez formalizados estos pasos, se fijó la fecha para dos días después y se me dieron las indicaciones finales de lo que debía hacer para prepararme.

El día elegido, me presenté en el lugar habiendo comido normalmente y con ropa cómoda. Me hicieron pasar a una sala de espera donde habían unos 15 pacientes más, algunos ya intervenidos, y una enfermera muy amable nos dio las indicaciones para el cuidado post-operatorio: hielo en la zona, reposo durante 4 días, analgésicos, ropa interior ajustada y ausencia de contacto sexual hasta 5 días después de la cirugía.

Por otra parte, nos explicó algo que no sabía: después del periodo de recuperación, hay que tener como mínimo 20 relaciones sexuales en los tres meses siguientes a la cirugía, siempre con preservativo, para luego realizar un conteo de espermatozoides llamado espermograma, donde se certifica que la operación realmente ha sido efectiva. Al preguntarle la razón, nos dijo que en condiciones normales, los espermatozoides viven hasta 80 días y que el hecho de haber cortado los conductos de transporte no implica que no queden restos de los mismos en los canales por donde se expulsan, existiendo el riesgo de embarazo incluso después de la cirugía. Por lo que esas “20 veces” hacen las veces de “limpieza general” y de ahí el periodo de espera de tres meses, con el que se consigue que las células que aún quedan vivas desaparezcan. Se han dado casos de recanalizaciones espontáneas, es decir, cuando los conductos que han sido cortados vuelven a unirse naturalmente, y por eso la importancia del examen posterior al procedimiento.

Una vez terminada la “charla informativa”, me hicieron cambiar de ropa a la indumentaria quirúrgica y una enfermera se encarga de afeitar y preparar la zona, lo cual se hace de manera muy rápida y hasta un poco dolorosa, ya que no emplean ningún tipo de crema ni suavizante, además de la correspondiente dosis de nerviosismo por ver una cuchilla afilada tan cerca de esa zona tan delicada…  Seguidamente, pasé al quirófano por mi propio pie, cosa que no dejó de parecerme atípica, tal vez por toda la televisión que he visto (el escándalo de la camilla, las luces que pasan velozmente sobre la cabeza del enfermo, las puertas que se abren de golpe, etc.)

La intervención es bastante rápida. No llega a durar 6 minutos. Lo primero que hace el médico es administrar anestesia local a través de una aguja en la zona, la cual, dicho sea de paso, incomoda bastante durante unos segundos, por su consistencia aceitosa. Esperan un par de minutos a que haga efecto y ahí comienza el verdadero trabajo. Se hace una pequeña incisión y a través de ella se realiza todo el procedimiento. Todo el personal del quirófano trabaja eficientemente para que uno no se percate de lo que está pasando, charlando o haciendo bromas, y cuando menos se espera, anuncian que ya han terminado. Ni siquiera hay necesidad de puntos de sutura, debido al pequeño tamaño del corte y a que la vascularización de la zona permite una rápida curación de la herida.

La vuelta a la sala de recuperación / espera se hace a bordo de una silla de ruedas, ya que la anestesia puede marear un poco, como fue mi caso. Hay a quienes les va peor y se desmayan, como le pasó a uno de mis ocasionales compañeros de cirugía. Una vez de vuelta, se nos ofreció café o infusión y se nos dio a los presentes una bolsa con hielo para mantenerla en la zona. Ahí se permanece durante una hora y media aproximadamente, mientras pasa el efecto de los medicamentos y para observar que no haya hemorragias o reacciones adversas al procedimiento. Lo ideal es ir acompañado, porque también se nos dijo que no debíamos conducir o caminar en exceso durante la convalescencia.

Algo que me sorprendió fue ver la cantidad de gente que operan en tan corto tiempo. Había dos médicos y en el lapso de tiempo que estuve allí (unas 2 horas y media), vasectomizaron a unas 25 personas! Así sería que cuando entré, había un grupo de gente y cuando salí, no reconocí a ninguno de los presentes…

Como me operé un viernes y el lunes siguiente era festivo, tuve tres días de reposo absoluto para recuperarme. No se sienten excesivas molestias, pero el dolor está presente todo el tiempo, unas veces en un costado y otras en el opuesto, aunque es de baja intensidad por los analgésicos que hay que tomar. Lo que más llama la atención es la sensación de “tirones” que hay en la parte baja del abdomen, resultado de la cirugía, pero van desapareciendo a medida que pasa el tiempo.

Efectos colaterales? Además de una resequedad persistente en la zona por el afeitado, fácilmente solucionable con alguna crema humectante, nada más que valga la pena mencionar. A la semana de la intervención hay que ir a un control rutinario para verificar que todo va bien y que la incisión ha cicatrizado correctamente.

Y heme aquí, contando sobre el tema. Lo único que me hace falta es el resultado del examen, pero para ello faltan todavía unas semanas…