Go with the Flow

Hace poco le decía a alguien que conozco que lo único que debemos hacer cada día es no resistirnos a lo que es. Sin embargo, he ido aprendiendo que esa idea es de las propósitos más dificiles que podemos acometer. Como decía Nisargadatta, no se trata de hacer más sino exactamente todo lo contrario: dejar de hacer y simplemente ser o estar. Lo olvidamos con rapidez porque la seducción extrema del «logro», aquello que nos enseñaron a desear a toda costa repitiéndolo hasta el cansancio desde todos los ángulos posibles, hace que ya no seamos capaces de apreciar la vida tal y como se presenta, sino que mas bien la intención es la de correr y correr hacia ninguna parte, porque todo lo que conseguimos nos deja con un sabor agridulce de no ser suficiente o de querer emular la experiencia una y otra vez, como si pudiese mutar hacia un disfrute mayor, cosa que claramente no es posible, porque cada momento es único e irrepetible.

El añorar el pasado o mirar hacia el futuro con el deseo de que lo que venga sea mejor y nos satisfaga más, nos envía infinitas veces al punto de partida, insistiéndonos a un nivel profundo para que seamos finalmente acapaces de preciar que lo que pasa es simplemente eso, y que el ansia de atascarnos en un momento definido es tarea inútil.

Lo que va ocurriendo nos invita a navegar de manera grácil y elegante sin detenernos demasiado con observaciones vacías que no conducen ni aportan nada nuevo. El sabio reiteraba que el momento presente tiene una frescura única que lamentablemente nos perdemos por estar saltando ridiculamente entre lo que pasó y lo que creemos que puede pasar.

Arduo? Sin duda, aunque totalmente factible si simplemente ponemos la atención en lo que tenemos en frente y nada más, porque a pesar de lo que creamos, no existe otra cosa.