Después de la guerra civil española, muchos habitantes de pequeños pueblos marcharon hacia las ciudades en busca de un mejor futuro. Sin embargo, hay lugares recónditos donde los últimos habitantes se resisten a dejar su tierra. Una crónica íntima y personal sobre la transformación social del siglo XX.
En este corto podemos ver el riguroso entrenamiento de un devoto de la escuela Tendai del budismo japonés, quienes sostienen que a través de la devoción se puede alcanzar la Verdad Última. En poco más de 6 minutos el director italiano Iván Olita sigue con su cámara a este monje que inicia el Kaihōgyō. Una lección de vida y sabiduría para aquellos que emprendemos caminos mucho menos arduos hacia el encuentro del Absoluto.
Cuando ví este corto hace unas semanas, me impactó tanto que pensé en compartirlo de inmediato, sin embargo, por temas de derechos de autor, no estaba disponible para ello. Afortunadamente, ahora lo podemos ver y reflexionar sobre si esta vida frenética y «exitosa», llena de obligaciones y compromisos es realmente saludable o recomendable.
Más de una vez he tenido la idea de hacer algo así, dejando atrás las apariencias y tonterías que caracterizan la vida «contemporanea». Cada vez más, lo sencillo cobra más relevancia y al menos a mí, me hace ver lo vacía que es nuestra existencia actual. Pasen, vean y saquen sus propias conclusiones…
Me volví a encontrar con este video y me hizo reflexionar mucho, o mejor, muchísimo. Justo esta semana estuve en un concierto y la mayoría de la gente, en lugar de disfrutar la música y la interacción con los artistas, simplemente vivieron la experiencia a través de una pequeña pantalla… La oscuridad del auditorio se veía rota por destellos de luz que distraían y entristecían. Tal vez es hora de volver a nuestros cabales, porque de lo contrario, la estupidez colectiva finalmente nos ganará la partida.