Brackets
Si, finalmente he engrosado la lista de los sufridos usuarios de estos cacharros, en aras de una sonrisa seductora y sobre todo, de evitar complicadas lesiones futuras en mi mandíbula.
Al hacerme la revisión rutinaria anual, el odontólogo me aconsejó que escuchara la opinión de un ortodoncista de confianza, para que me comentara las distintas opciones que podía tener, dada la situación de mi boca. Sin pensarlo mucho, acudí a la reunión, donde me explicaron los problemas existentes y la manera de solucionarlos. Desde hacía tiempo sabía que era muy probable que tuviese que usar los artilugios estos, pero nunca le había puesto mucha atención al tema, hasta que comencé a tener molestias, por el contacto permanente de un molar con una pieza situada justo encima, causado por una mordida incorrecta. La parte menos agradable fue el saber que tenía que perder dos premolares para hacer sitio a los demás dientes, lo cual era engorroso, pero mucho menos que la opción que había escuchado mucho tiempo atrás, de romper la mandíbula para reacomodarlo todo.
De esta manera, programé la pequeña cirugía que me dejaría sin dos dientes, pero con el espacio suficiente para trabajar los demás. El procedimiento fue bien, se desarrolló en dos fases, una por semana, para evitar traumatismos mayores. Cabe decir que la primera fue bastante más complicada que la segunda, tal vez por el grado superlativo de nervios que tenía ese día.
La primera complicación surgió por el hilo de sutura que empleó el odontólogo para cerrar el orificio dejado por la extracción de la pieza inicial, ya que era de un material algo rígido, que lastimaba la encía. Sobra decir que cuando me lo quitaron, la sensación de alivio fue fantástica… La segunda vino cuando me dí cuenta que, cuando pasaba mi mano por cierta parte del mentón, sentía un hormigueo incómodo en el labio inferior, al parecer causada por una lesión leve a uno de los nervios circundantes. Afortunadamente, el tema se resolvió solo pasados unos días.
La siguiente extracción, en cambio, fue mucho mejor y hasta ahora no ha habido problemas importantes. Vale la pena comentar que ambos procedimientos fueron indoloros, gracias a la generosa aplicación de anestésicos locales.
Ahora, la parte dolorosa: Ayer me instalaron los brackets en los dientes de abajo. Inicialmente, me explicaron, se hará lo que los profesionales del ramo llaman «nivelación», que es comenzar a acomodar ciertas piezas a la altura y nivel deseados. Cuando los instalaron, no sentí excesivas molestias, pero a medida que pasaron las horas, la tensión contínua comenzó a hacer efecto. Tuve que tomar un analgésico medianamente fuerte para poder comer y dormir con tranquilidad.
He notado que en ciertas posturas, el dolor aumenta o disminuye considerablemente, como cuando estoy sentado o quieto, y en cambio en otras, como cuando camino, tiende a ser más intenso. Supongo que esto durará hasta que me acostumbre a los nuevos inquilinos, y que lo volveré a experimentar regularmente cuando me instalen las ligaduras (los cauchos o gomas que propician el movimiento de los dientes en ciertas direcciones).
Efectos secundarios? Un cambio drástico en la dieta (nada de cosas duras o que necesiten desgarramientos, so pena de que algún bracket decida hacer una excursión sin retorno, lo que retrasa el tratamiento), una meticulosidad mayor en la limpieza dental (lo cual implica dejar aparcado mi cepillo eléctrico hasta nueva orden), molestias en la garganta, presumiblemente porque no se puede cerrar bien la boca, lo que facilita la entrada de aire y la sequedad, labios agrietados y la sensación incómoda de no poder morder con fuerza (que durará hasta que me habitúe, supongo).
El consuelo es, como les dije, la promesa de una boca sana y que si todo sale bien, dentro de un par de años me olvidaré de esto para siempre. Un dato curioso: las personas que han usado brackets tienen un menor riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, dicen…
