23 de agosto?
Pueden decir lo que se les ocurra, pero me parece muy extraño este clima en estas fechas:

Pueden decir lo que se les ocurra, pero me parece muy extraño este clima en estas fechas:

Ayer se cumplió un año de mi percance con el MTB. Es increible ver la velocidad con la que pasa el tiempo. Parece mentira que haya quedado atrás toda la angustia, la incomodidad, el dolor, esa lenta y dolorosa recuperación, la etapa de aislamiento casi forzoso que tuve que vivir, el no poderme valer por mi mismo… Es duro recordar que para estas fechas mi papá todavía estaba acompañándonos y preocupándose por mi con sus llamadas para preguntar cómo iba el proceso… Mucho ha cambiado en este año, pero ya no me extraña. Lo único fijo en este planeta es precisamente eso: el cambio. No hay más momento que el ahora. Creo que soy mas conciente de la importancia y de la fugacidad del momento que vivimos cada instante. Es dificil concentrarse en ello, porque siempre estoy pensando o en el pasado o en lo que vendrá. Una artimaña del ego para no dejarme disfrutar de lo que pasa hoy. Eso si, todo lo que ha pasado en los últimos doce meses me ha servido, y mucho, para proseguir en este camino de «frenar» y estar aqui y ahora. Una experiencia grata, aunque complicada, hasta ahora…
A veces es difícil escribir cuando tantas cosas rondan la cabeza al mismo tiempo: propósitos de cambio, ganas de aprender algo nuevo, incertidumbres, encrucijadas… Hace unos días vi una serie que me había «presentado» un amigo hace ya varios (!) años: Neon Genesis Evangelion. En un principio me la tomé con algo de escepticismo, porque la verdad soy poco amigo de las series y de la televisión en general, pero a medida que fue avanzando (son 26 capítulos, que vi casi de tirón) me fui identificando cada vez más y más. Al final, es un ejercicio de autoanálisis muy profundo, que toca ciertas fibras que muchas veces queremos dejar escondidas. Por ejemplo, el Dilema del Erizo, aquel que dice que entre más te acercas a ciertas personas, más lastimado resultas… Paradójico pero real.
De un tiempo para acá vengo pensando en la necesidad real de las cosas de las que me he ido rodeando a lo largo del tiempo: libros, gadgets, juguetes o software: todos ellos artilugios de dudosa utilidad que en un principio me atrajeron irresistiblemente, pero que ahora solo ocupan espacio en un rincón, esperando ser usados o desechados. Lo peor de todo es darse cuenta de todo el tiempo y el dinero que he invertido en cosas aparentemente fantásticas y muy útiles que al final han pasado sin pena ni gloria por mi vida.
En estos últimos dias mi mente ha estado llena de reminiscencias, de sensaciones y emociones del pasado. Si bien es cierto que la historia es estática e inmodificable, el estar consciente de ella me ayuda a interpretar mejor el presente y a entender más las cosas que me ocurren. De alguna manera pienso en la cadena de hechos que precedieron el momento presente: todas las experiencias y vivencias que han hecho de mi quien soy ahora. Acuden a mi mente todo tipo de acontecimientos: alegres, tristes, serios, risueños, graciosos, graves, memorables… En fin.
De nada sirve lamentarse por lo que no se hizo. Los planes, si no se ejecutan, se quedan en ideas que se van difuminando con el tiempo hasta desaparecer por completo. La solución? Concentrarse única y exclusivamente en el momento actual. Puede sonar pretencioso, pero es la mejor manera de sobrevivir al caos que me rodea. Como siempre, la meditación acude al rescate cuando me empeño en distraerme con la banalidad de lo externo. No hay nada más. El pasado es estático y el futuro incierto. Lo único válido es este momento…