Silencio
A veces buscamos el silencio desesperadamente. Queremos huir de todo el ruido que nos rodea y asfixia. Quisieramos que todo cesara de golpe y que ese espacio que hemos perdido se viera libre de interferencias o cuerpos extraños. Pasamos mucho de nuestro tiempo persiguiendo ese estado que creemos ideal, sin lograr atraparlo. Pero y qué pasa cuando lo conseguimos? El silencio puede ser un arma de doble filo muy peligrosa. Nos enfrenta con nosotros mismos: ante la ausencia de elementos distractores, sólo queda la verdad pura y descarnada. Y es entonces cuando comenzamos a buscar nuevamente la cacofonía incómoda de la que queríamos deshacernos a toda costa. No soportamos el estar con nosotros mismos, el vernos tal y como somos nos produce pánico. Nos resistimos a aceptarlo y casi nunca lo asimilamos.

