Dolce far niente
Cuando he comentado a algunos conocidos el momento vital en el que me encuentro, he recibido todo tipo de comentarios al respecto, desde las respuestas corteses hasta consejos y sugerencias específicos sobre la conveniencia o no de lo que estoy haciendo.
Sin embargo, dos cosas me han llamado la atención: Una, de alguien que me dijo que finalmente estoy tomando decisiones importantes y haciéndome con el control de mi vida y dos, que lo que está pasando es una especie de convalescencia de un largo periodo de aventuras y quehaceres sin fin que ha llegado a su término, de manera semi-voluntaria.
Estas dos aproximaciones aportan algo más de claridad a la situación, ya que por una parte, el que finalmente se haya cristalizado un anhelo de hace tiempo, un poco por accidente y otro tanto de voluntad, ha sido una invitación a recordar un propósito que me hice hace ya bastante tiempo, sin embargo, las circunstancias cambiantes de la vida hicieron que de alguna manera se oscureciera o aplazara por algún tiempo y que hasta se difuminara por lo que estaba ocurriendo en ese momento.
Por otra parte, ese descanso profundo o dejarme estar sin hacer nada para evitarlo, dejando que lo que salga lo haga naturalmente y asumiendo las consecuencias sin oponer apenas resistencia, además de atender lo que surge dándole el curso correspondiente, está siendo una experiencia nueva y a veces algo desconcertante. Ha sido percatarme de la existencia de una inercia que nos impide detenernos cuando lo necesitamos y que simplemente perpetúa el movimiento, para bien o para mal, que iniciamos hace ya tanto tiempo que ni recordamos las razones ni los objetivos asociados a ello.
Más allá de la «culpa» o ese desasosiego tan persistente que caracteriza el dejar de hacer, el experimento está siendo interesante. Alguien también me preguntó sobre «cuanto tiempo» iba a durar y respondí con un sincero «No tengo ni idea». La manía de estar contando, poniendo límites o planificándolo todo definitivamente impide el curso normal de los acontecimientos, que simplemente pasan como pasan.
Así que, resumiendo, El ver pasar la vida sin prisas y sin planes es una alternativa más que viable, hasta diría que saludable y necesaria, así insistamos en lo contrario…
