The Ramblings of a Madman

Parece ser que una vez que dejamos de dedicar esa inmensa cantidad de energía al pensamiento, se abre un nuevo universo de posibilidades insospechadas. Si, parece un aviso de alguno de esos productos milagro que abundan en estos tiempos de la prescripción desenfrenada, donde la mayoría busca desesperadamente el paso a paso para alcanzar la ansiada felicidad, sin embargo, el simple hecho de darse cuenta que, por decirlo de alguna manera, dormimos y vivimos con el enemigo, es la puerta de entrada a un espacio de amplitud ilimitada donde todo eso que impedía ver desaparece y la realidad se muestra con claridad meridiana.

Muchos dicen que esto no ocurre de la noche a la mañana o que el esfuerzo para alcanzar ese estado de gracia es algo casi imposible de concebir, y mucho menos de verlo reflejado en la práctica. Sin embargo, atendiendo al hecho de la ausencia (vehemente negada por casi todos) del libre albedrío, el poder escuchar el silencio, si se me permite esta licencia retórica, sin intentar llenarlo por inercia de cuantas ideas se nos ocurren, es lo que permite acceder a un campo de posibilidades infinitas donde se encuentran todas las respuestas que suponemos aparecerán a través del uso desaforado de la razón y la «inteligencia» (que no es más que la capacidad de elegir juiciosamente entre varias opciones).

Y es aquí donde ocurre lo inaudito: Nos percatamos que todas esas preguntas que teníamos y que supuestamente encerraban la clave para alcanzar esa plenitud tan esquiva, se disuelven en la nada que dio origen a todo, ya que su absoluta irrelevancia no puede soportar el peso de la realidad verdadera, que no es la que perciben nuestros sentidos, contaminados por creencias y opiniones, sino lo que es.

Pero claro, es más sencillo seguir mirando al contínuo oropel que se nos presenta y darle un valor absurdamente mayor al que tiene, porque «siempre se ha hecho así» y «a donde vamos a parar sin lo que nos es familiar y conocido?» porque «el vacio es extremadamente aburrido porque ahí no pasa nada»… O al menos, eso es lo que se nos ha hecho creer.

La decisión de hacia donde mirar no es un acto consciente, sino más bien algo que llega espontáneamente cuando por alguna razón saturamos la experiencia y la existencia nos dirige, si dejamos de oponer resistencia, hacia la verdadera fuente de todo.