Non-Playable Characters
Nos guste o no, la vida va pasando apaciblemente y la postura que asumimos ante ella va cambiando, a veces imperceptiblemente y otras con una aparente premeditación (concepto este cada vez más cuestionable ya que cobra cada vez más fuerza la idea que el libre albedrío es una construcción mental para mantener al grueso del personal tranquilo y «motivado»), cosa que nos hace pensar en por qué hacemos lo que hacemos.
Para la mayoría, la existencia se limita a una serie de obligaciones a cumplir, cual lista de tareas interminable que define la totalidad de la experiencia, o lo que es lo mismo, ampliando la famosa lista del texto de Valecillo: nacer, crecer, estudiar, trabajar, gastar, entretenerse, reproducirse, envejecer y morir.
La gran mayoría de los habitantes de esta peculiar esfera no se detienen en absoluto a pensar por qué o para qué están haciendo lo que hacen, limitándose a seguir el guion tal como lo recibieron, ya que la realidad se reduce al conseguir medios para cumplir con cualquiera de las etapas mencionadas, sin pararse a considerar si hay alguna otra alternativa o si es lo que más conviene a nuestros intereses.
Y por si fuera poco, nos hemos vuelto expertos en «completar» la experiencia llenándonos de compromisos y actividades sin sentido cuyo único cometido es separarnos por mucho o poco tiempo de la supuesta insoportable experiencia del vacío y el silencio: hay que moverse, hacer, comprar, tener, triunfar!, nos dicen (algo así como que entre más tontos, mejor…), haciendo especial énfasis en mencionar ad nauseum el monstruo aquel del que tenemos que huir, aunque paradójicamente sea ese supuesto ser infernal el que contiene el secreto de una vida realmente completa.
Pero claro, conviene alejarnos a toda costa de la razón última de la paz infinita para que sigamos moviendo el pesado engranaje que se ha ido construyendo con el tiempo para mantener la silenciosa esclavitud e insatisfacción eterna que paradójicamente hacen que sigamos buscando lo que no se nos ha perdido (porque lo tenemos a disposición todo el tiempo) febrilmente, hasta que se acaba el tiempo…
Por no dejar un regusto amargo con la reflexión, sigo pensando que hay posibilidades infinitas de cuestionar tal desatino. El simple hecho de darse cuenta de lo absurdo de la mayoría de cosas que en teoría debemos hacer, es un buen punto de partida. Lo demás corre por cuenta de cada uno. La red es grande y tiene muchos agujeros. Es cuestión de observarla con atención para que una vez vista, podamos deshacernos de ella.
