El cerdo y el lobo
Divertido y sorprendente. Disfruten!
Divertido y sorprendente. Disfruten!
Creo que muchos se estarán preguntando sobre todas esas noticias (que no salen en los diarios ni en los noticiarios controlados por los grandes conglomerados económicos) sobre el 2012, el fin del mundo, la frecuencia de Schumman, el cambio de conciencia, el fin del sistema financiero tal y como lo conocemos y temas similares. Hoy he decidido escribir un poco sobre todo esto porque es algo que creo nos afecta en general, y sobre todo, porque hasta los más incrédulos están ya notando los efectos de un ciclo que termina y otro que está por comenzar.
En lo personal, opino que ya es hora de cambiar la manera como hacemos las cosas. El acumular, el individualismo y cualquier forma de nacionalismo extremista van totalmente en contra de bien común, como ya se ha demostrado en innumerables ocasiones. De ahí que la mayoría de quienes habitamos este planeta estemos manifestando nuestro descontento sintiéndonos cada vez más incómodos con todo lo que pasa, aunque quienes controlan los grandes intereses económicos se empeñen en hacernos creer que hay otra realidad donde no podemos hacer nada y donde todo debe seguir igual.
Por qué hago tanto énfasis en el control? Porque gracias a este año sabático que he decidido tomarme, he podido darme cuenta de la gran mentira en la que estamos inmersos, la misma que unos pocos se esfuerzan por fortalecer a toda costa, sabedores de que el número de aquellos que, como decimos en mi tierra, ya «no comemos cuento», o lo que es lo mismo, no tragamos entero, está creciendo y pidiendo explicaciones al injusto e insostenible sistema social en el que vivimos.
Es inaudito que, al ver que el sistema financiero que ha enriquecido a un grupo de privilegiados durante generaciones, se hagan sacrificios inconcebibles a nivel planetario para mantener el status quo, aún a sabiendas de la pobreza y el hambre extremos que se extienden a pasos agigantados por el mundo, precisamente gracias a la avaricia sin límite de aquello que sólo piensan en sus propios intereses, afectando a aquellos que creían ser inmunes a cualquier tipo de contratiempo financiero.
Qué nos espera? A mi modo de ver, el sistema actual, tanto político como económico, está absolutamente condenado. A pesar de las medidas extremas que se están tomando en la actualidad y los falsos signos de recuperación económica, nos dirigimos a un cambio radical, donde las prioridades y los intereses actuales cambiarán. El conocimiento, la riqueza y el status ya no serán los signos distintivos que diferencien a unos seres humanos de otros. Por el contrario, aquellos que conecten nuevamente con su propia naturaleza y de paso, con el mundo natural en el que habitamos, serán quienes por fin entiendan que no podemos devastar el lugar donde vivimos en aras de la comodidad o el beneficio inmediato, siendo totalmente egoístas en el largo plazo, pensando en cosas como «y si yo ya no estoy, para que me preocupo?»
El tener ya no será lo más importante. El ser y la conciencia global ocuparán su lugar. Desafortunadamente, hay personas para las que este cambio será insoportable y no podrán adaptarse a las nuevas «reglas del juego». El sobrevivir será cosa del pasado. La vida será lo más importante, y desecharemos todo eso que nos sobra para concentrarnos en ser mejores seres humanos.
Supongo que muchos dirán que soy un ingenuo y que simplemente espero que venga una especie de «rayo vengador» que nos libre de todos los «malos» e «indeseables». Nada más lejos de la verdad. Veo con mis propios ojos que cada día son más quienes deciden dedicarse a conocerse y entenderse, más que a distraerse en cosas sin importancia, porque han comprendido que el trabajo compulsivo, el consumo irresponsable o la esclavitud financiera no son una forma de vida digna ni deseable. Lo más triste es que quienes ven sus intereses afectados ahora o más adelante, luchan con todas sus fuerzas por «tapar el sol con un dedo», sin darse cuenta que caminan hacia su propia destrucción.
Hemos desconectado de tal manera con la naturaleza, que estamos agrediendo el planeta en el que vivimos de una manera tan violenta que no damos tiempo a que se recupere para seguir sosteniendo la vida. Los seres que no son conscientes de este comportamiento son equiparables a los virus o a las plagas. El problema es que no tenemos otro sitio donde ir cuando acabemos con lo poco que queda del lugar donde vivimos. Lo peor es que nos parece normal destruir nuestro mundo, por ese adormecimiento al que nos someten cada día el entretenimiento, las noticias sesgadas y los problemas que nosotros mismos hemos creado.
Lo más triste es que los que levantan su voz para advertir de lo que estamos haciendo, son tildados de locos, brujos, estafadores o parias del sistema, haciéndonos creer que el no escucharles es la mejor forma de protegernos contra su «enfermedad». Nos han repetido tantas veces que la nueva era y las ciencias naturales son obra del demonio, gracias a la «fabulosa» tradición judeo-cristiana, que todo lo que suene a natural o no químico es mirado con desconfianza…
Recuerden: si una mentira se repite suficientes veces, terminaremos por creer que es verdad. Eso es precisamente lo que hacen los medios masivos de comunicación, la individualidad inducida y el creer que somos superiores a aquellos que están en necesidad. Es el mejor caldo de cultivo para que se nos controle e incluso se nos haga creer que necesitamos ser controlados, regulando lo que vemos, comemos, hacemos y pensamos.
Es hora de despertar, de pensar por nosotros mismos, de movernos, de reaccionar, de manifestar nuestra opinión, de decir «ya basta». La decisión está en manos de cada uno de nosotros…
Para terminar, algunas recomendaciones para fomentar la crítica y cuestionar la supuesta realidad en la que vivimos:
Este es, definitivamente, el lugar donde hubiese querido pasar mis vacaciones de niño. El consuelo es que ya existe y que otros pueden aprovecharlo. Gracias Teresa por el enlace!
Hace un rato estuve leyendo las «excelentes» noticias de los resultados de la tan publicitada cumbre del G-20. Resulta que, no contentos con lo que está pasando, quieren regular aún más el sistema bancario para eliminar toda posibilidad de reacción o disentimiento y supuestamente «aprender de los errores», esto es, en mi opinión, atar los cabos que todavía estaban sueltos para que el sistema siga haciendo más ricos a los que ya lo son y mucho más pobres a aquellos que no han podido acceder a las altas esferas del poder.
Se habló de fortalecer el FMI y el Banco Mundial, dos entidades claramente criticadas por expertos como Joseph Stiglitz, por causar niveles de desigualdad y pobreza nunca antes conocidos en los países en desarrollo, al imponerles condiciones draconianas e injustas para recibir préstamos que hipotecan su desarrollo y bienestar por generaciones enteras. Es decir, seguimos fortaleciendo las ideas de «el que no es rico, es porque no ha sido elegido», mientras que millones mueren de hambre, mientras los recursos naturales son expoliados para satisfacer la voracidad sin fin de los mal llamados países desarrollados.
No contentos con ejercer un control sesgado y sectario a nivel nacional, se creará un Consejo Regulador a nivel mundial para «vigilar la transparencia y calidad de las operaciones», léase defender los intereses de los que manejan grandes cantidades de capital, sin tener en cuenta que el clamor popular ya pide un cambio radical en la concepción básica de un sistema financiero que ha demostrado ser inútil e inflexible para adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado. Cada vez hay más gente que no puede cumplir sus obligaciones, no tanto porque no sepan medir su capacidad de endeudamiento, sino porque los bancos y entidades de crédito los hechizan con sus cantos de sirena para endilgarles préstamos baratos a plazos larguísimos que no saben si podrán pagar, esclavizando no solo a quien los obtiene, sino a sus hijos, padres y aquellos que hayan tenido la mala fortuna de servirles de fiadores, gracias a la cultura del consumo irresponsable y desenfrenado que está de moda en estos tiempos.
Es curioso ver como Japón ha donado 100.000 millones de dólares para fortalecer estas entidades, en un gesto de «generosidad», que visto con lupa, tiene una poderosa razón detrás: su economía está inundada de yenes que han regresado al país al dejar de ser rentable el esquema de «carry cash», es decir, sacar dinero prestado en economías con muy bajos intereses (Japón) para prestarlos en aquellas con tipos más altos (Europa o Estados Unidos) y obtener ganancias de la nada. Al dejar de funcionar «el negocio» por haber bajado las tasas en los mercados objetivo a cifras similares a las del país prestamista, los créditos se han cancelado, volviendo el capital a su país de origen, ocasionando con esto una subida desorbitada del yen, gracias a un nivel muy alto de liquidez, lo que ha encarecido las exportaciones, vitales para un país que vive de ellas, hasta el punto de ocasionar despidos en una economía tan paternalista como la japonesa, cosa nunca vista hasta hoy, ya que las empresas preferían cerrar a dejar gente sin trabajo.
Se ve claramente que nadie da puntada sin dedal, pero mientras se salvan los bancos y la «credibilidad de las instituciones», millones siguen malviviendo y continentes enteros continúan debatiendose entre la pobreza, la corrupción, el analfabetismo y el hambre, o sin ir mas lejos, no pudiendo tener acceso a una casa o llegar a fin de mes con tranquilidad, sin que nadie haga nada por ellos. Sigo pensando que el sistema está condenado, y que estas medidas simplemente están alargando la vida de un moribundo que muchos quieren que pase a mejor vida ya mismo.
Ayer vi una película que me andaba «rondando» desde hacía tiempo, pero que por una u otra cosa, la había ido aplazando. Sin embargo, entendí, cuando por fin pude verla, cual era la razón de no haberla visto antes… Estoy hablando de «The hitchhiker´s guide to the Galaxy» o «La guía del autoestopista galáctico», que está basada en un libro del mismo nombre escrito por Douglas Adams.
No voy a contar detalles de la película, porque lo mejor es sacar dos horas y disfrutarla. De lo que si voy a hablar es de los mensajes que pude entender o extraer. Aparte de una historia algo disparatada y en ocasiones aparentemente sin sentido, hay ciertos apartes que son realmente reveladores para el que los sepa entender. Cosas como la escena en que los protagonistas comienzan a pensar y surgen una especie de matamoscas gigantes del suelo y les golpean cada vez que tienen una idea (no cuestiones al sistema, solo vive según las reglas), o el pez babel (ese que permite entender cualquier lengua, una especie de interfaz universal con el mundo), aunque lo más impactante es el super computador al que le formulan una pregunta para que explique el mundo, la razón de la vida. Lo mejor es la respuesta: «42» dice, sin que nadie entienda qué significa.
En las últimas semanas aprendí que las respuestas a todas nuestras preguntas están listas, pero lo que pasa es que nunca sabemos formular la pregunta correcta, esa que contiene toda la información necesaria para obtener una respuesta clara, directa y sin posibilidad de duda. Somos muy generalistas, queremos resolverlo todo de golpe, sin darnos cuenta de los innumerables matices que rodean, como dirían los budistas, a todos los seres sensibles.
No basta pedir dinero, salud, pareja o lo que sea. Es importante saber por qué y para qué se piden. Por otro lado, por estar pensando siempre en escasez, nunca nos acordamos de agradecer por todo lo que tenemos y hemos recibido o vivido, es decir, sabernos en abundancia, por más necesidades que tengamos. Como decía mi padre: «no es más rico aquel que más tiene, sino el que menos necesita».
Todos somos capaces de modificar la realidad a nuestro acomodo si sabemos cómo pedirlo y sobre todo, agradeciendo de corazón lo que ocurra. Es una forma de realimentar el sistema: si pasa, agradecemos para que lo que nos rodea «acuse recibo» y sea más fácil recorrer este camino de nuevo en la siguiente ocasión. Podemos entrenarnos para obtener lo que queramos, si sabemos formular la petición y esperar la respuesta sin prisas o agobios. El secreto está en preguntar adecuadamente…