Trop de Bruit

El concepto que ha prevalecido en estas últimas semanas ha sido el de la excesiva cantidad de ruido al que estamos expuestos sin darnos cuenta. Afirmaciones, ideas, métodos, soluciones, caminos alternativos y un sinfín de cantos de sirena que nos atraen desde todas las direcciones: noticias amables, amargas, preocupantes, que incitan a la reflexión y demás.

El asunto es precisamente la ubicuidad del estímulo, que se ha convertido en parte el paisaje sin contar con nuestra anuencia y de la que resulta extremadamente difícil escapar o al menos abstraerse en alguna medida. En cualquier conversación o interacción surgen los mismos patrones que amplifican la estridencia de alguna manera, y nuestra reacción es siempre la misma: asentir sin escuchar o recibir, sin que haya alguna opción alternativa evidente, aquello que se nos impone.

El problema no es baladí, porque se nos induce de manera pasiva e insidiosa a modificar nuestras pautas de comportamiento hacia otras direcciones, que la mayoría de las veces no nos benefician sino que más bien nos hacen hundirnos en el fango de la ramplonería y la vulgaridad, haciendo la existencia algo todavía mas insustancial e insulso.

Y aún dándonos cuenta del efecto pernicioso de esta estimulación constante, nos hemos habituado a no hacer absolutamente nada e incluso a comentar, opinar y debatir animadamente sobre las inagotables posibilidades que consideramos adecuadas para cada momento, sin pararnos a pensar en si realmente contribuyen al objetivo que cada uno pueda tener o sin son simplemente desvíos de lo más oportunos para no tener que ocuparnos de lo realmente importante.

La invitación es al discernimiento y sobre todo, a cultivar ratos de silencio para poder apreciar lo que es, sin filtros ni florituras innecesarias, que lo unico que hacen es aplazar aquello que si tendrá algún tipo de efecto en nuestra existencia.