Hoy no voy a hablar de mis experiencias, o quizá si, pero lo haré desde un punto de vista diferente. A veces cuando escribo me gustaría que quienes me leen puedan sacar algo positivo de mis reflexiones, o simplemente entender un poco más el mundo que les rodea a través de lo que relato. Hoy no. Hoy voy a escribir desde el corazón, más específicamente desde el dolor que me embarga en estos momentos y que me ha mostrado, en mayor o menor medida, mi vida en perspectiva.
Anoche recordé una película coreana que vi hace años llamada Old Boy. El argumento es bastante complejo y les recomiendo que la vean si les gusta el cine sicológico. El caso es que en esta historia una persona debe pagar por algo que ha hecho en el pasado y que ha olvidado por completo, de una manera terrible y cruel, y el precio que debe asumir por lo que hizo es extremadamente elevado.
Estoy atravesando una situación muy dificil a nivel personal. Me he percatado hace muy poco tiempo que he estado ciego ante las cosas más importantes de la vida: el amor, el afecto y esa complicidad que surge de la intimidad, por haberme dedicado a perseguir metas que o no eran mías o simplemente estaban vacías de contenido. La persona con la que quiero compartir mi vida se está cuestionando (y con razón) sobre la viabilidad de este proyecto, gracias a mis dudas, inseguridades y prejuicios. Lo más complicado es que cuando por fin he puesto las cosas en su sitio, dándole a Sol la importancia y atención que siempre se ha merecido y que se ha ganado gracias a su paciencia, comprensión y amor incondicional, lo que hay entre nosotros se ha deteriorado tanto que peligra su supervivencia.
De alguna manera, he visto todos los errores y omisiones que he cometido, la arrogancia que ha caracterizado mi existencia me está pasando factura y estoy sintiendo en carne propia el profundo dolor que he ocasionado en aquellas personas que han pasado por mi vida, debido a mi miopía afectiva y emocional crónica. Me centré demasiado en ciertos aspectos (el éxito profesional y el egoísmo personal) que son efímeros y que aportan sólo una pequeña parte de la plenitud que se siente por estar vivo. Desatendí durante demasiado tiempo lo que mi corazón me decía, porque no lo consideraba útil o importante en la carrera absurda en la que me hallaba inmerso, y que si bien es cierto que me ha proporcionado ciertas satisfacciones, no llena ese gran vacio afectivo que ahora reconozco.
Es paradójico, pero me parece que he estado de espaldas a la felicidad durante mucho tiempo, llenando mi vida de cosas materiales y placeres fugaces, pretendiendo aislarme del mundo con una autosuficiencia infantil, queriendo ocultar el sol con un dedo, y empeñandome en concentrarme en banalidades que ahora veo son completamente inútiles y sin sentido. En este tiempo de reflexión que decidí darme, he aprendido, y no siempre de la mejor manera, que para vivir se necesitan muy pocas cosas materiales, y si muchas espirituales y emocionales.
Admito que me equivoqué, y que tengo un largo camino por recorrer para perdonarme y pedir perdón por todo lo que he hecho mal. No quiero parecer una víctima más de las circunstancias. Asumo mi responsabilidad de manera seria y madura, pero ello no quita el dolor y la amargura de haber dejado pasar momentos preciosos sin siquiera dedicarles un mínimo de atención, considerando que no eran lo suficientemente importantes para ser dignos de mi tiempo. Craso error…
Ahora llega el momento de saldar las cuentas. La vida es generosa, pero a la vez estricta con estas cosas. Estoy tratando de ser fuerte para encarar lo que viene de la mejor manera posible, con humildad y la mente y el corazón abiertos, pero no sé si sea capaz. No sé si ya es demasiado tarde y he dejado pasar las oportunidades más importantes para ser feliz. Siempre podemos volver a comenzar, pero el sentimiento de culpa por lo que acabo de contar no quiere abandonarme.
Amor, si lees esto, quiero que sepas una vez más que eres esa persona. Que no quiero repetir los errores del pasado y que me me encantaría si eligieras que nos diéramos otra oportunidad, habiendo aprendido de lo que hemos vivido. Nos merecemos ser felices juntos.
Perdonenme si no escribo en estos días, o si lo hago desde una perspectiva distinta a la habitual, pero siento que el contar estas sensaciones me ayuda a ver las cosas como son y de alguna forma, a afrontar cada paso que estoy dando. Gracias por vuestra comprensión y apoyo.