Por estos días he estado hablando de un proceso que inicié hace ya tiempo, pero que tuvo su punto culminante hace unas semanas. Si bien es cierto que hoy por hoy siento que lo más duro ha pasado, y que estoy en la etapa de asimilar y ordenar muchas ideas y sensaciones, he de reconocer que lo que ha ocurrido no ha sido “lineal”, es decir, no llegué a un pico (aunque lo sintiera así) y luego comenzó todo a estabilizarse. Creo que más bien ha sido un camino irregular, con tramos buenos, excelentes y otros malos o incluso aterrorizantes.
He sentido muchas cosas a lo largo de estos días: paz, tranquilidad, miedo, incertidumbre, dolor, tristeza, esperanza, calma, ansiedad… Es un poco difícil explicarlo con palabras. Creo que se debe a que las emociones que tenía represadas están saliendo a su propio ritmo y se instalan en mi mente y corazón en el momento que les parece mejor. De ahí que mi ánimo suba y baje constantemente. Lo cierto es que la sensación subyacente es que, de alguna forma, todo está poniéndose en el lugar que le corresponde, aunque los sentimientos “externos” varíen o fluctuen según pasa el tiempo y lo que viva cada día.
Me he dado cuenta que hacía antes muchas cosas para distraerme o poner mi atención en actividades vacías para no tener que encarar todo eso que bullía en mi interior. Cuando reconocí esta sensación, llegué a sentir miedo y hasta hastío de todo aquello que asociaba con esa etapa de “ignorancia consentida”, porque no quería volver a ese estado de adormecimiento impuesto que supuestamente me evitaba malos ratos. Pero poco a poco he podido ir analizando esos hábitos y recuperando los que realmente me ayudan y me gustan, dejando un poco de lado los que hacía de manera casi compulsiva. Ha sido un ejercicio revelador, porque lo que está más cerca de mi lo disfruto mucho mejor ahora: la música, la lectura, el contacto con la naturaleza y con las personas, poder aprender sin prejuicios, escribir, expresar mis sentimientos sin obstáculos ni reticencias…
Siento que poco a poco me invade una sensación de amor, que va más allá de la incertidumbre que pueda estar sintiendo, esa que asocio con el cambio y la renovación. No es fácil dejar de sentir miedo y alcanzar un estado de tranquilidad. Hay que trabajar todos los días de manera constante para estar bien. Pensar en ello, sentirlo, mentalizarse, eso si, sin atosigarse u obsesionarse. Dejar el comportamiento pendular, buscar el centro.
Ahora estoy entendiendo muchas de las cosas que me ha dicho Sol durante nuestra vida juntos. Cosas que no quería o no podía ver, y se lo agradezco con el corazón, y por eso cada día la amo más. No olvido a mi familia y a todos y cada uno de mis amigos, esos maravillosos seres que me están acompañando por este camino, no siempre placentero, con generosidad, buen humor y cariño. Al final, recibimos lo que se nos da cuando estamos preparados.
Aunque me asuste un poco, me gusta esta nueva etapa. Creo que me está haciendo más libre, mejor persona y mucho más humano, que al fin y al cabo es lo que realmente importa, pudiendo disfrutar del amor y todo lo bueno que la vida tiene para brindarme.