Archivo del Julio, 2008

Ahora

Como he venido contando en estos días, mi vida ha dado un vuelco muy importante en las últimas semanas, ya que estoy inmerso en un proceso de autoanálisis y re-conocimiento que ha hecho que me replantee mucho de lo que creía importante hasta ahora.

Tal vez suena un poco esotérico esto que estoy contando, pero lo cierto es que el camino ha sido bastante duro, porque me he enfrentado (en realidad lo sigo haciendo) al dolor de manera honesta y directa, a todo aquello a lo que temía y que ocultaba con la vana esperanza de que desapareciera o se olvidara de mi con el tiempo, con el ánimo de entender y comprender esa parte de mí que tenía apartada o incluso reprimida. Se han sucedido muchas ideas y sentimientos por mi cabeza y corazón, y voy viendo que las cosas realmente importantes de la vida son pocas y sencillas: el amor, la amistad, la familia, la salud y la tranquilidad, y que lastimosamente las tenía relegadas a un plano que no les correspondía.

Me estoy concentrando en el momento presente. En lo que me pasa y siento en cada instante. De nada me sirve preocuparme por lo que puede pasar o por lo que pasó, ya que he visto que cuando dejo entrar pensamientos de este tipo en mi mente, pierdo el equilibrio y comienzo a sentirme angustiado. Pero no es fácil. Nos hemos acostumbrado a vivir en el futuro o en el pasado, ignorando lo que pasa ahora. Es más cómodo, porque de alguna manera creemos que podemos retrasar o manejar esas sensaciones pensando que más adelante se solucionará todo. Lo malo es que el futuro tiene una serie de preocupaciones añadidas, que no nos dejan disfrutar lo que es aquí y ahora. Es decir, si aquello que esperamos no sale como queremos, la frustración es muy grande.

Cuesta mucho volver al presente después de tantos años de no hacerlo. Pero es posible. Y una vez que se aprende y se domina la “técnica”, la vida adquiere otro significado. Sigo haciendo planes y teniendo ilusiones, porque me dan fuerzas para seguir adelante, pero no olvido lo que me está ocurriendo ahora, y si algo cambia o se presenta de otra forma, ya me ocuparé de ello cuando suceda.

Estaba recordando una frase que escuché en la calle una vez, cuando una muchacha le comentaba sus problemas a su padre, y este le dijo “querida, en vez de pre-ocuparte, ocúpate!”. Sabias palabras. Ven al presente y haz lo que tengas que hacer ahora. Lo demás vendrá en su momento.

 

Altas y bajas

Por estos días he estado hablando de un proceso que inicié hace ya tiempo, pero que tuvo su punto culminante hace unas semanas. Si bien es cierto que hoy por hoy siento que lo más duro ha pasado, y que estoy en la etapa de asimilar y ordenar muchas ideas y sensaciones, he de reconocer que lo que ha ocurrido no ha sido “lineal”, es decir, no llegué a un pico (aunque lo sintiera así) y luego comenzó todo a estabilizarse. Creo que más bien ha sido un camino irregular, con tramos buenos, excelentes y otros malos o incluso aterrorizantes.

He sentido muchas cosas a lo largo de estos días: paz, tranquilidad, miedo, incertidumbre, dolor, tristeza, esperanza, calma, ansiedad… Es un poco difícil explicarlo con palabras. Creo que se debe a que las emociones que tenía represadas están saliendo a su propio ritmo y se instalan en mi mente y corazón en el momento que les parece mejor. De ahí que mi ánimo suba y baje constantemente. Lo cierto es que la sensación subyacente es que, de alguna forma, todo está poniéndose en el lugar que le corresponde, aunque los sentimientos “externos” varíen o fluctuen según pasa el tiempo y lo que viva cada día.

Me he dado cuenta que hacía antes muchas cosas para distraerme o poner mi atención en actividades vacías para no tener que encarar todo eso que bullía en mi interior. Cuando reconocí esta sensación, llegué a sentir miedo y hasta hastío de todo aquello que asociaba con esa etapa de “ignorancia consentida”, porque no quería volver a ese estado de adormecimiento impuesto que supuestamente me evitaba malos ratos. Pero poco a poco he podido ir analizando esos hábitos y recuperando los que realmente me ayudan y me gustan, dejando un poco de lado los que hacía de manera casi compulsiva. Ha sido un ejercicio revelador, porque lo que está más cerca de mi lo disfruto mucho mejor ahora: la música, la lectura, el contacto con la naturaleza y con las personas, poder aprender sin prejuicios, escribir, expresar mis sentimientos sin obstáculos ni reticencias…

Siento que poco a poco me invade una sensación de amor, que va más allá de la incertidumbre que pueda estar sintiendo, esa que asocio con el cambio y la renovación. No es fácil dejar de sentir miedo y alcanzar un estado de tranquilidad. Hay que trabajar todos los días de manera constante para estar bien. Pensar en ello, sentirlo, mentalizarse, eso si, sin atosigarse u obsesionarse. Dejar el comportamiento pendular, buscar el centro.

Ahora estoy entendiendo muchas de las cosas que me ha dicho Sol durante nuestra vida juntos. Cosas que no quería o no podía ver, y se lo agradezco con el corazón, y por eso cada día la amo más. No olvido a mi familia y a todos y cada uno de mis amigos, esos maravillosos seres que me están acompañando por este camino, no siempre placentero, con generosidad, buen humor y cariño. Al final, recibimos lo que se nos da cuando estamos preparados.

Aunque me asuste un poco, me gusta esta nueva etapa. Creo que me está haciendo más libre, mejor persona y mucho más humano, que al fin y al cabo es lo que realmente importa, pudiendo disfrutar del amor y todo lo bueno que la vida tiene para brindarme.

Desde el amor

Sol y yo

Hace ya bastantes días que no escribía, debido a algo que conté hace algún tiempo. En estas semanas que han transcurrido, a veces lenta, a veces un poco más rápido, he podido observar mi propia vida desde una perspectiva distinta, desprovista de la afectación y la arrogancia que la caracterizaba, y darme cuenta de la importancia de los sentimientos y en especial del amor. Ha sido una experiencia compleja, porque al quitarme esa coraza protectora que decidí ponerme en el pasado, para evitar sentir y sufrir, dejé al descubierto todo aquello a lo que temía, me expuse al mundo sin filtros o protecciones, y el cúmulo de sensaciones represadas comenzó a salir con una fuerza enorme, causándome una especie de colapso al no poder procesar y asimilar aquello gradualmente.

El proceso continúa, y aunque la “riada” de emociones ha disminuido de intensidad, sigue fluyendo desde mi corazón. Después del estupor inicial, me gustó ver que sentir es una de las cosas más importantes de mi vida. El poder ver la vida con todos sus colores es una experiencia inigualable, que me estaba negando porque asumí erróneamente que si algo negativo pasaba, debía protegerme a toda costa de situaciones similares, cuando lo que era sano y natural era asimilar dicha información, aprender y crecer para ser mejor persona.

Me costó mucho darme cuenta, y por el camino cometí errores e hice sufrir a más de una persona por mi terquedad crónica. Pero siento que por fin lo estoy alcanzando! Estoy viviendo el amor como nunca antes y dejando que todo lo bueno que me brindan las personas que me quieren, entre en mi vida, recibiéndolo con gratitud y alegría. Aunque lo mejor es que Sol, la mujer de mi vida, mi compañera ideal y mejor amiga, en una muestra más del amor que me tiene, me ha dado un lugar muy especial en su corazón, permitiéndome crecer, dejando que le muestre todo el amor que siento hacia a ella, mostrándome el suyo, y alimentándome con todos los sentimientos lindos que compartimos. Estamos haciendo planes, construyendo desde el ahora, queriéndonos y preparándonos para compartir nuestras vidas, dejando atrás lo malo, mejorando lo bueno y viviendo el presente, qué es lo único que realmente importa.

Quiero compartir algo que me ocurrió el otro día en un pequeño viaje que hice. Observaba el paisaje a través de la ventana del tren, con la vista fija en el horizonte, viendo como árboles y casas pasaban velozmente, y por un momento, que me pareció a la vez eterno y fugaz, me invadió un sentimiento de plenitud increíble. Me vi a mi mismo feliz, lleno de amor, junto a Sol, sonriendo, realizado, tranquilo, completo. Y pensé “así es como quiero sentirme siempre”. Nunca antes había sentido tal sensación de plenitud. Así que grabé en mi mente y corazón la sensación y me gusta revivirla con frecuencia, volviendo a ese momento. El ser feliz requiere práctica, necesita de nuestra atención y cariño todos y cada uno de los días de nuestra vida. Y para que el sentimiento permanezca fuerte, hay que nutrirlo con amor, comprensión y tolerancia en generosas dosis.

Me gusta sentir y vivir el amor, me gusta estar enamorado. Me gusta sentir que estamos tan cerca! Me gusta la vida! Me gusta amar! Me gusta amarme y amarte cada día, amor mío!